Adrián Samit escribió esta reseña de Zacarías con entrevista incluida, que se publió en la web Monemonkey. Muchas cosas han cambiado. Monemonkey no existe y Adrián, que tras la entrevista se convertiría en un buen amigo, falleció hace unos años.
Incluyo el texto íntegro que publicó Monemonkey, ya que no queda contenido que enlazar:
Historias que se necesitan compartir
“Zacarías” de Pedro Paradís: crítica y entrevista
La novela “Zacarías” del escritor castellonense Pedro Paradís se ha convertido en uno de los libros más vendidos estas navidades en las librerías de nuestra ciudad. Descubre aquí el porqué con una crítica de la novela y una profunda entrevista con su autor.
Zacarías. La crítica
H.G. Wells cierra La Guerra de los mundos (1898) de la siguiente manera:
Los gérmenes de las enfermedades han atacado a la humanidad desde el comienzo del mundo […]. Pero en virtud de la selección natural de nuestra especie, la raza humana desarrolló las defensas necesarias para resistirlos. No sucumbimos sin lucha ante el ataque de los microbios, y muchas de las bacterias —las que causan la putrefacción en la materia muerta, por ejemplo— no logran arraigo alguno en nuestros cuerpos vivientes.
Pero no existen las bacterias en Marte, y no bien llegaron los invasores, no bien bebieron y se alimentaron, nuestros aliados microscópicos iniciaron su obra destructora. Ya cuando los observé yo estaban irrevocablemente condenados, muriendo y pudriéndose mientras andaban de un lado para otro. Era inevitable.
Pedro Paradís abre así Zacarías (2014):
Las lágrimas de mar son unos organismos inquietantes. Se componen en un noventa y cinco por ciento de agua que absorben de su entorno. Esta les confiere una transparencia espectral, de forma que en la penumbra marina es imposible distinguir dónde acaba el ser vivo, y dónde empieza el infinito océano.
Como estas criaturas, también Zacarías mimetizaba el ambiente; era a un tiempo persona y escenario, ser viviente y agua salada, como la que compone las lágrimas. Porque Zacarías no se adaptaba a su entorno, sino que lo absorbía […].
No hace falta viajar a otras galaxias, ni combatir con monstruosos alienígenas. El interés de los relatos, de la vida, esa tragicomedia, se encuentra en los gestos cotidianos, en cada uno de nosotros, en nuestras pequeñas historias, historias que en ocasiones no se pueden ver si una voz lúcida, como la del autor de Zacarías, no nos las cuenta. Un personaje de su novela da en el clavo:
A Clemente le gustaba recordar, y también contar cosas por el mero hecho de contarlas. Porque sabía que lo que no se contaba no había pasado, y que, por añadidura, contar las cosas era convertirlas en realidad. Porque la realidad no era tan bonita, y a veces hasta dolía verla.
Zacarías es una de esas lágrimas de mar, cuyo significado se revela al final de un apasionante relato bajo las copas de los árboles y junto a los monumentos del Parque Ribalta de Castellón. Pero para la sociedad, Zacarías es una bacteria, un ser microscópico que escapa a nuestras miradas, porque como dice Paradís: “Tenemos la vista entrenada para no ver”.
Para los viandantes que cruzan el parque, para los señores y señoras “de bien”, para los políticos (quizás sí son estas las verdaderas bacterias)… las personas sin hogar son gérmenes que hay que combatir. Da lo mismo el pasado que les ha llevado hasta ahí, su estado psicológico o las inevitables circunstancias que les impiden formar parte de una (esa otra, privilegiada aún para aquellos que no lo crean) sociedad.
La novela de Paradís pone en evidencia que estas personas, como el magrebí Jamal, acosado por gente de su propio círculo, o el rumano Viorel, que entra en una espiral de decadencia debido a la falta de oportunidades, sufren la desconfianza y el abuso en el extranjero por nuestra parte, que tan bien expone Zacarías como paradigma del pensamiento populista ciudadano.
Pero, al mismo tiempo, el protagonista de la novela sufre la misma marginación, a modo de El extranjero (1942) camusiano, ya indiferente a todo en una sociedad que va sin rumbo y que deja de lado a quienes les han ayudado a levantarla.
Pero esta trágica historia de un hombre sin hogar que se refugia en el parque Ribalta junto a dos extranjeros para prevenir los ataques de unos vándalos juveniles que no piensan más que en el caos y la destrucción —porque hemos llegado a esos días en los que La naranja mecánica (1962) de Anthony Burgess se ha hecho realidad— está contada de una manera sencilla, como quien le cuenta algo vivido a un amigo.
El relato desprende una sinceridad por parte del autor que da cuenta de que no ha escrito sobre esta temática por más razones que porque realmente se preocupa por estos hechos y quiere abrirnos los ojos a los demás ciudadanos de que para que una sociedad funcione correctamente debemos formar todos parte de ella, y todavía más en tiempo de crisis, en lugar de arrastrar a la indigencia a personas que hasta hace unos días eran nuestros vecinos.
El Parque Ribalta parece dividir Castellón en la Historia de dos ciudades (1859) de Dickens. El tiempo dentro del parque no existe, como metaforiza el reloj de Zacarías. El Ribalta es un lugar donde las “bacterias” se refugian, pese a haber sido concebido como pulmón de la ciudad ahora contaminado debido a las malas políticas públicas.
Y donde los sueños de un nuevo y esplendoroso Castellón se tiñen de sangre, como el camino que presumiblemente iba a dar paso al Tram, y del que también da cuenta la novela de Paradís, pero que al remover las tumbas que antaño poblaron el parque ha llevado un mal agüero a todo el diseño planificado desde el Ayuntamiento y ha convertido la obra en un paripé.
Porque de la misma manera que descubrimos que hubo un cementerio en el parque Ribalta, Paradís nos descubre muchas historias de su pasado. Historias que fascinan y sorprenden, que nos hacen ver con otros ojos al parque y desear que vuelva a tener la vida y el ambiente de antaño.
Tras leer el libro queremos que se derribe de una vez la mole de la Pérgola y se levante una tal cual estaba en sus orígenes. También que se cuiden mejor otras zonas del parque y su vegetación. Porque si el parque Ribalta es el único en el interior de la ciudad con tan extensa vegetación y el único donde tomar un respiro ante tanta contaminación, lo mínimo es cuidarlo.
Para descubrir la historia del parque Ribalta, Paradís se ha servido de una intensa tarea de documentación, donde destaca el libro de María Teresa Santamaría: El Parque de Ribalta (1995).
Paradís encontró una complicada tarea a la hora de unificar la historia del parque con el desarrollo dramático de la ficción, pero logra salir de las dificultades con esfuerzo y de una manera magistral, haciendo que queden una y otra línea narrativa perfectamente intrincadas.
Los escenarios son el lugar idóneo para la metáfora o para ejemplificar aquello que cada capítulo quiere contarnos. Hay un gran trabajo de búsqueda y reescritura, que denota una meditada planificación y muestra los mecanismos narrativos sobre los que se ha ido construyendo.
Pero lograr esta convergencia entre realidad, historia y ficción hace que el libro esté tan anclado a las raíces de los árboles del Ribalta que terminemos convencidos de que cuando demos un paseo al día siguiente de terminar la novela nos encontraremos a Viorel con su bicicleta o a Clemente contándole sus historias a cualquier viandante, quizás a la Coronela, a la que esperaremos ver cerca del laberinto y del estanque.
El mayor logro de Zacarías son sus personajes, llenos de vida (hasta los que no la tienen) y cuya historia vamos descubriendo poco a poco, lo que hace avanzar gran parte de la trama.
Cada personaje tiene un rol específico que Paradís sabe explotar sin agotarlos ni convertirlos en personajes de cartón-piedra. Hay personajes que evolucionan de manera inversa, viajan de su situación actual hacia el pasado, porque otro punto en el que ahonda el relato es en la importancia del pasado y de los juegos de la memoria.
Los personajes de Zacarías y la Coronela son aquellos que protagonizan este viaje. Sus recuerdos, quienes fueron y qué les llevó a ser así… todo tiene una explicación en esta vida y por ello hay que entender a aquellos que, como Zacarías, se encuentran en una situación que no deseamos a nadie.
También hay personajes como Jamal y Viorel cuya trama va hacia delante y nos muestran el proceso de pérdida de valores del individuo. Especialmente destacable es la evolución del personaje de Viorel, que pasa de ser un hombre que se asea y se afeita cada mañana para buscar trabajo, a terminar atrapado en el laberinto que es el parque Ribalta para aquellos que no han sabido encontrar la salida a una vida que ahora es una condena.
Gracias a la novela de Paradís, innovadora y arriesgada en una temática sobre la que pocos autores se atreven a trabajar, descubrimos quiénes son las verdaderas bacterias y quiénes unas pobres lágrimas de mar.
Además, nos encontramos con un relato pulido y diseñado para ir in crescendo hasta un clímax final con un giro de lo más memorable. Con esta novela, Pedro Paradís se convierte en un escritor de referencia en nuestra ciudad de Castellón.
Hemos tenido la suerte de poder dialogar con él acerca de su trabajo:
Zacarías. La entrevista
El libro de María Teresa Santamaría es una referencia imprescindible para construir el mundo de Zacarías. ¿Cómo diste con él?
El trabajo de Santamaría es referencia necesaria para quien quiera conocer el parque Ribalta. No es una novela, sino un libro técnico que habla del parque desde un punto de vista histórico, arquitectónico y botánico. Un amigo me habló del libro, y cuando lo tuve en las manos comprendí que no encontraría mejor escenario para mi historia.
¿Cómo surge el trío protagonista?
Zacarías sale de muchas conversaciones con distintos “zacarías”, es un collage que también incluye partes de mí. En cuanto a Jamal y Viorel, son personajes que creemos conocer, pero muchas veces nuestra visión se ejerce desde el estereotipo. En la novela he tratado de adentrarme más en ellos.
Al leerlo, al comienzo se conserva una atmósfera de cuento. Pero esto va evolucionando y la construcción tan detallada de personajes y situaciones llevan a pensar en que has hecho un trabajo de campo muy intenso. ¿Puedes comentarnos brevemente el proceso de escritura?
Al principio tenía un puñado de personajes que expresaban todo lo que yo quería contar. Como he dicho antes, estos personajes nacían de conversaciones que he tenido con personas que se habían visto privadas de hogar. Y yo pensaba que con estos personajes tenía suficiente.
Comencé a escribir sin mucha planificación acerca de las relaciones que se establecían entre ellos, y cómo evolucionaban en la historia. La verdad es que iba bastante perdido; estaba pagando la novatada que supone el salto del relato a la novela.
Cincuenta páginas después me di cuenta de que la historia no me llevaba a ninguna parte. Rompí todo lo escrito, excepto algún fragmento del primer capítulo, y empecé a planificar toda la novela. Colgué un tablón y lo llené de notas de colores con los pasos que daría la historia. Los papeles se movían sobre el corcho cada día: unos caían, y crecían otros nuevos, como las hojas de un árbol cualquiera del parque.
Porque aquí fue cuando encontré el Ribalta. El parque no solo me propició un escenario, sino que se convirtió en un personaje más de la novela. De hecho, tenía una historia tan interesante como la de los personajes, y en muchas ocasiones era paralela. Integré el parque en mis notas de colores, y lo utilicé para estructurar la historia. Así, cada capítulo lleva el nombre de un lugar del parque (el templete, el obelisco…).
Quise establecer una relación muy estrecha entre la historia de los personajes y la del parque. Por ejemplo, un personaje lucha cada día contra los elementos, ignorando el hecho de que está durmiendo en el parque. Cada mañana madruga, se afeita, se lava, se peina, y sale a buscar trabajo con disciplina militar. Esto se cuenta junto a la Font del Peliuet, una fuente que conoció tiempos mejores, y que gotea cada día contra el cemento que la rodea, como si lo quisiera romper. Este es el tipo de relación que he buscado en cada capítulo, entre un personaje o situación (en este caso Viorel) y el lugar donde sucede la acción (la fuente).
Hablando contigo y leyendo entrevistas, incluso la dedicatoria del libro, parece que le debes mucho a Zacarías. ¿En qué te ha ayudado la escritura de esta novela? ¿Qué ha supuesto para ti este antes y después?
Creo que son historias que llevaba dentro, y que necesitaba compartir. El proceso de escritura ha sido liberador. En el libro se habla de una línea muy fina que limita la “normalidad”. A Zacarías le debo mucho, porque me ha mostrado esa visión desde el otro lado.
¿Cómo ha sido la recepción de la novela? ¿Estás contento con el proceso de autoedición, el uso de las redes sociales para la promoción y el feedback de la gente?
El día de la presentación no cabía ni una persona más, y “Zacarías” ha sido el libro más vendido en la librería Argot los días previos a Navidad. Creo que el tema de la novela ha interesado, y también su vinculación con el parque Ribalta, que es un lugar de referencia para Castellón.
En cuanto a la autoedición, ha sido muy intensa pero también gratificante. Ha significado acompañar a la novela en cada una de las etapas del proceso: correcciones, maquetación, portada, booktrailer, promoción… Ahora veo todo esto como parte del proceso creativo, que no finaliza al poner el punto y final al borrador. En todo esto me ha ayudado mucha gente, por supuesto. El feedback nos está llegando ahora a través de redes y correos, y es muy bueno. Esto es lo que cierra el proyecto y me da fuerzas para el siguiente.
¿Qué piensas acerca del mundo editorial y cómo ves tu futuro como escritor?
Del mundo editorial solo puedo hablar desde la perspectiva de la autoedición, que es más fácil y más accesible que nunca. El talón de Aquiles sigue siendo la distribución, más limitada, pero la venta online puede atenuar este problema.
En cuanto a mi futuro, como escritor no tengo más aspiración que compartir y disfrutar de mi trabajo. Tengo más historias en la cabeza, y sé que volveré a escribir, pero lo haré bajo la misma premisa: contar lo que me apetezca, a mi ritmo y sin ninguna presión ni calendario.
La novela trata un tema social que, como tú bien dices, “estamos entrenados para no ver”. ¿Piensas que el libro puede ayudar a mejorar esta situación para con los lectores que lo lean? ¿Crees que la situación del inmigrante en Castellón no tiene vuelta atrás?
La motivación de la novela es precisamente dar a conocer otra realidad, ofrecer un punto de vista distinto del habitual. Sobre la inmigración, mucha gente ve al inmigrante como un pañuelo de usar y tirar. Van bien cuando hacen falta, pero ahora sobran. La realidad es que muchos han hecho su vida aquí y se van a quedar. Incluso algunos a los que no les va tan bien tampoco se plantean el regreso, y están en su derecho. A las duras y a las maduras.
Algunas personas que lo han leído me han hecho llegar comentarios del tipo “cada vez que paso por el Ribalta me acuerdo de Zacarías”, o “el otro día vi a Viorel con su bicicleta en la plaza de la Farola”. Para mí es muy emotivo escuchar esto, porque es señal de que los personajes calan en el lector, y visibilizan a estas personas.
¿Cómo pueden ayudar los ciudadanos de Castellón a hacer de la ciudad algo más justo para quienes la habitan?
Creo que todo comienza con una toma de conciencia, con percibir al otro como a un igual, pero esto no sirve de nada si no nos levantamos del sofá. Hay muchas ONG, movimientos sociales y plataformas ciudadanas que trabajan cada día por un Castellón más justo. Y su trabajo es más necesario que nunca por esta estafa que llaman crisis económica. Los derechos sociales retroceden con cada ley, y la crisis se ceba especialmente con los más débiles.

Adrián Tomás Samit
Tras licenciarse en Comunicación Audiovisual por la Universitat Jaume I y estudiar dos másteres en Barcelona en las especialidades del documental (ECIB) y cine contemporáneo (UPF), Adrián realizó un proyecto artístico comisionado por el Ayuntamiento de Castellón y que fue exhibido en diferentes exposiciones de la ciudad.
Al mismo tiempo ha realizado diferentes cortometrajes de videoarte y documental experimental que han participado en festivales en diferentes países y ha escrito artículos sobre cine en revistas especializadas y capítulos de libro. Actualmente se encuentra residiendo en Corea del Sur.
