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Ya de vacaciones, inauguro la temporada de siestas en la tumbona. A falta del Tour, me conformo con una película de sobremesa, cuanto más mala, mejor. En la de hoy, un señor hereda una fortuna con una condición: debe pasar una noche en la casa del difunto abuelo. Obviamente, es una casa encantada.

Esto no solo pasa en el cine. No hay herencias inocentes. Creo que me di cuenta cuando me puse aquel sombrero.

Mi padre tenía un sombrero y yo me reía de él. Le decía que parecía un capitán de barco, un taxista, Lenin arengando a los soviets. Tras su muerte, cogí el sombrero un día de frío porque no tenía otra cosa que echarme a la cabeza. Me pareció cómodo. Le cogí el gusto. Me acostumbré a él.

Desde entonces la gente me dice que parezco un capitán de barco, un taxista, un maquinista de locomotora. Estas cosas también se heredan.

Así, uno se queda con las tierras de la marjal y se gana la enemistad con los hermanos; no cabe lo uno sin lo otro. Así, yo heredé una casa en Rescoldos e —inevitablemente— un arcón lleno de notas y una historia que descifrar.

Lo de Sábato


Te comparto un reel, short o como se llame de la presentación de Onda. Para entendernos: un vídeo cortito. Por si todavía no me has escuchado contar la historia de Olvido.


Ya me despido. Pasa una feliz semana.

Pedro Paradís
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