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Hoy quiero contarte el viaje emocional de cómo un simple comentario cambió el título de mi novela (y por qué casi cometo un error fatal).
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Mi historia tuvo otros títulos a medida que crecía sobre el papel. La trama evolucionaba y llegaba a lugares que me sorprendían, la protagonista se volvía más compleja... Y todos estos cambios me llevaban a inventar un título tras otro para contener la historia.
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1. El título que nació de un gesto: «Barre, Olvido»
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Este primer título interpelaba a la protagonista. Eran palabras de aliento.
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En aquel momento la historia apenas estaba esbozada, pero la imagen que atraía mi atención era la de una anciana que barría la acera cada mañana. Porque mientras barría recordaba a su madre... y esta historia iba de eso: de recordar.
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Pero a medida que la trama avanzaba, la rutina de barrer se quedaba pequeña ante el caos que estaba por venir. El título se desvaneció como el polvo frente a su escoba.
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2. La trampa del misterio: «El Túnel»
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La historia crecía y la protagonista descubría un túnel que llevaba hacia lo desconocido. «El túnel» fue el siguiente título, ya que un túnel era un mecanismo tan potente que eclipsaba todo lo demás. Me dejé llevar por este truco y, por un momento, olvidé la esencia de los personajes.
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Pero en aquel momento del proceso de escritura el túnel no llevaba a ningún lugar. Bajo tierra no había nada... todavía.
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3. El título que me enamoró (pero confundía al lector): «La Ciudad de los Gitanos»
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Aquí es cuando la novela cogió forma. Todavía no sabía cómo iba a acabar, pero el proceso de escritura me llevó a dos hallazgos que la definieron.
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El primero, un lugar (una ciudad) donde era posible vivir sin ser descubiertos. El segundo, un viejo libro de poemas que daría nombre a este lugar.
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Con este título puse el punto final a la novela. Estaba orgulloso. Me encantaba que el lector no entendiera el título hasta la mitad del libro, cuando descubriera el viejo libro de poemas que daba nombre a ese refugio secreto. Yo creía que era brillante; mi editor, Carlos Tosca, opinaba lo contrario.
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—Es un buen recurso, pero la acción ya es demasiado fuerte como para distraer al lector explicando un título —me dijo. Y tenía razón. A veces, los autores necesitamos de estas sacudidas.
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4. El clic definitivo: «Olvido»
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Mientras revisaba las galeradas de la novela, con la publicación a la vuelta de la esquina, seguía dándole vueltas al título.
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La respuesta no estaba en los túneles ni en los poemas, sino en mi propia casa. Fue mi mujer, Pili, quien lo tuvo claro:
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—Llámalo Olvido. Ese título lo tiene todo.
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Y era verdad. Olvido no es solo el nombre de la protagonista. Es la ceguera que sufre desde la infancia y es la niebla que cubre al pueblo de Rescoldos. Es lo que nos pasa a todos cuando dejamos de mirar lo que importa.
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¿Me ayudas a que «Olvido» no sea olvidada?
Escribir es un acto solitario, pero que una historia viva depende de ti. Si este proceso de "búsqueda de identidad" te ha gustado o si conoces a alguien que ame los secretos detrás de una novela: 1. Reenvía este correo a ese amigo/a que siempre tiene un libro en la mano. 2. Cuéntame en un clic: ¿Cuál de los títulos descartados te habría llamado más la atención en una librería? (Responde a este mail, leo todos los mensajes).
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Gracias por leerme. Te deseo una feliz semana.
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