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¿Alguna vez has visto el futuro? En el poso del café, en las vísceras de un cordero, en la bola de cristal. Porque yo sí.

Eran los 90. Yo iba a clases por la tarde, lo que me permitía levantarme a cualquier hora, como si estuviera de vacaciones. El problema de no madrugar era que, a fuerza de retrasar el momento, me levantaba justo para comer y marchar a clase. Como mi madre quería que le hiciera algún recado antes de irme me regaló un radiodespertador, que sonaba hasta que conseguía despertarme, pero tardaba lo suyo. Esto lo cuento para que se entienda que me gustaba dormir y que soñaba mucho.

Fue en esa época cuando comenzaron las visiones y, a falta de bola de cristal, me llegaron a través de los sueños. Recuerdo con nitidez una pesadilla en la que un terremoto sacudía mi casa. Conseguía salir a la calle, pero el temblor no terminaba y las casas vecinas se desplomaban como un dominó.

Mi sorpresa llegó unas horas después, de camino a clase. En radio cinco todo noticias contaban que un terremoto había asolado algún país extranjero. En aquel momento atribuí la coincidencia a la casualidad.

Pero el fenómeno se repitió. Noche tras noche, sonaba con un atentado terrorista o un accidente de autobús, solo para descubrir durante el día que mi sueño estaba en los periódicos, habitualmente en la primera página.

Recuerdo que pensé en llamar a alguien para avisar del futuro. La llamada debería ser anónima para que no me tomasen por loco, pero me daba que harían poco caso. Por otro lado, ¿llamar a quién? ¿A quién llamaba para avisar de un terremoto? Y en caso de secuestros o atentados, ¿cómo lo hacía sin parecer un miembro de la banda terrorista? Decidí que lo mejor era dejarlo pasar, pero la culpabilidad me consumía cada vez que veía el telediario.

Así seguí hasta aquel día festivo. No recuerdo qué fiesta era, pero sí que no tenía clase ni obligación de levantarme a ninguna hora, así que remoloneé en la cama todo lo que pude. Gracias a aquella mañana de pereza llegaría la revelación; comprendería cuál era el origen de mi clarividencia.

Mientras remoloneaba en la cama y me volvía a dormir y a despertar, el radio despertador, ajeno a que era festivo, sonaba sin parar. Radio cinco todo noticias. La emisora repetía los titulares cada quince minutos, mezclando atentados, naufragios y declaraciones grandilocuentes de políticos. Me di cuenta de que cada día los titulares contaminaban mis sueños convirtiéndolos en pesadillas.

Recuerdo que sentí una mezcla de alivio y decepción que se me pasó pronto, ya que me dormí y soñé con un desfile militar. Quizá el festivo era el 12 de octubre. En fin, ahora oido Radio Clásica.

Un germen de proyecto

Últimamente me rondan relatos como el de arriba, con una base real aunque me permita alguna licencia al escribirlos. El problema es que son solo relatos, sin una idea o tema que los entrelace, así que no sé si darán mucho de sí. De momento, si se me ocurre alguno igual lo comparto por aquí.

Tú puedes hacerlo


Si te ha gustado el relato y también quieres dedicarte a la adivinación en diferido, te comparto un método infalibre:

Ya me despido. Pasa una feliz semana.

Pedro Paradís
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